martes, 30 de marzo de 2021

Del sacrificio necesario a las malas costumbres




 

La religión yoruba en Venezuela y Latino América es conocida comúnmente como Santería. Es famosa por sus coloridos collares, la blanca indumentaria que portan sus fieles, los tambores que llaman a los orishas, y los festivos rituales que dentro de los miles de implementos naturales que usa para el desarrollo místico de la liturgia, incluye también, algunos animales de granja que son inmolados en ofrenda a los Orishas, bajo los antiguos preceptos del corpus religioso de Ifá. Esto último ha sido un infalible argumento para cristianos y sus variantes retrogradas y neo/oscurantistas, que lo utilizan para discriminar e incriminar a los practicantes de la regla de Osha e Ifá de cara al colectivo social, haciendo eco en el viejo discurso del miedo a lo distinto y el odio ciego proporcionado por la ignorancia.

 

Vemos como llaman satánico o brujería a todo lo que no comprenden, apegados obtusamente al fundamentalismo religioso que irrespeta y acorrala a quien no comparta su credo. Pululan en las calles improvisados y furibundos predicadores fustigando a diestra y siniestra la vida de los mortales. Algunos más osados tienen como escenario para su prédica las horas más estresantes del día en los repletos y acalorados vagones del Metro de Caracas, donde enérgicamente dan alaridos a la par de los vendedores ambulantes; se presentan ungidos de una verdad que solo se las otorga la biblia en sus manos. Estos operadores disfuncionales del cristianismo vapulean, reprenden y condenan a todo pobre infortunado o infortunada que porte un atributo que represente a orisha, bien sea el ildé de Orunmila, el pulso de plata, una quilla, y hasta ¡un collar de peonías! da la señal esperada al facineroso predicador de la intolerancia para despotricar a todo pulmón, metiendo en un solo saco de pecado, fuego infernal y muerte, a todo aquel que no les diga amén y se arrepienta.

 

En Venezuela actualmente se ha hecho popular la religión yoruba -o es más vistosa, por así decirlo-. Es muy común ver y reconocer a sus adeptos en las calles, y con ellos, la simbología de la religión. Es así, como confluyen católicos y espiritistas junto a los santeros y los creyentes fraternos, esos que no se animan a adoptar la fe, pero creen, se consultan y confían en el ashé de los sacerdotes y en orisha; no falta quién en medio de una conversación que roce con el tema, no dude en contar su encuentro cercano con un santero que le dijo al solo verle: que era hijo de Shangó y tenía un muerto arrecostado. También están los infaltables escépticos que no creen nada, pero respetan por si acaso, “porque de que vuelan, vuelan”.

 

Haciendo énfasis en el caso del sacrificio animal con fines religiosos, para muchos es un oprobio alarmante y arteramente cuestionable. Inaceptable en el seno de una sociedad puritana sostenida en una base bi/moral, catequizada hasta el tuétano por el cristianismo y su cúpula clasista y aporofóbica, esa, que satura a su feligresía de propaganda de miedo, infiernos, pecados y demonios; la misma que discrimina y atropella, por ser la violencia la practica más confiable para su expansión desde que fue instaurada como religión del imperio romano y su imposición por la fuerza al mundo. Para nosotros en lo que hoy día es el continente americano, conocimos el amor cristiano hace 529 años en el holocausto indígena más grande en este lado del mundo, perpetrado en nombre de Dios y la corona española.

 

Dice aquel viejo refrán: el muchacho que es llorón y la madre que lo pellizca.    Adagio que ayuda a recrear aquellas situaciones en las que no basta con que las cosas estén difíciles, como para que venga alguien y pueda empeorarlas más. Aunque nada tiene que ver los pellizcos a los niños con la religión yoruba, el refrán viene como anillo al dedo para dar un ejemplo de la realidad venezolana y los desvíos normalizados por algunos practicantes de la santería.

 

En el caso específico de la inmolación animal en las prácticas religiosas, esta tiene un soporte en el corpus litúrgico de Ifá que atañe -no solo- a la diáspora afrocubana sino para todos los yorubas en África y el mundo. La inmolación como hecho místico de la cultura y cosmovisión yoruba, es implementada solo cuando es requerida por la importancia del caso o de la ceremonia; es consultada a los orishas a través de los oráculos de adivinación de Osha/Ifá y es realizada rigurosamente por experimentados sacerdotes, quienes deben conocer, no solo la razón del tal o cual animal, sino también, el trato que debe dársele por su jerarquía dentro de atributos a los orishas, donde no cabe el maltrato animal, ni mucho menos una inmolación irrespetuosa, ya que toda ceremonia que implica sacrifico de vida animal es vista y supervisada por las deidades que se invocan para que den su ashé al sacerdote oficiante. Estos animales son los tipificados como animales de granja y son destinados para el consumo humano, por ende, los animales luego de ser ofrendados en su mayoría son consumidos por el colectivo religioso.

 

Estás faenas de sacrificio tienen un inicio, un desarrollo y obviamente un final dónde debe descartarse todo los implementado incluyendo el cuerpo del animal. Justamente ahí         - además del hecho mismo de la inmolación-, es donde se ha generado la mayor controversia entre los religiosos yorubas y la sociedad, es el flanco débil para explicar a los no creyentes que no matamos por matar a un animal, y mucho menos, que somos agentes de insalubridad y contaminación. El destino último del sacrifico jamás puede ni debe ser la vía pública, espacios comunes o de tránsito. y para entenderlo hay muchos tratados enciclopédicos confeccionados por nuestros mayores sustentados en Odù, que recrean e indican precisamente las ceremonias necesarias y obligatorias de despedida del cuerpo de los animales usados en ceremonias.      

 

¿De dónde viene el que se dejen animales muertos en las calles, a la vista de todos?

 

No hay más respuesta que la irresponsabilidad de algunos “practicantes”, que desconocen que el ebbó termina cuando se da camino y se despide apropiadamente al cuerpo de los animales sacrificados, y todo aquello que haya sido usado en la obra que deba ser desechado. La responsabilidad y la culpa de que termine donde no debe, NO es del aleyo, o del no iniciado que fue a hacerse una obra que requiriera sacrificio y lo mandan a botar cosas a la calle.

 

 Entonces es cuando se revela y queda en evidencia el desconocimiento o la flojera del sacerdote o sacerdotisa, que dejan las cosas a medio hacer, y solo se remiten a preguntar si el cuerpo del animal va para la manigua o la basura, y dejan en manos de neófitos la responsabilidad de finalizar el ebbó. Si el Odù que establece el sacrifico dice que hay que llevar el animal a una esquina: se lleva, se presenta, se da cuenta a orisha y luego se le da la apropiada despedida, no se tira ahí simplemente. así como nadie deja podrir las frutas y las comidas de los orishas en sus casas.

 

Es poner en práctica también, el sentido común, y dejar de ser tontos útiles que dan argumento a quien le ataca para ser difamados, por no saber que hacer después de una ceremonia con el cuerpo de un animal sacrificado.

 

Este texto, queridos hermanas y hermanos, más que una reflexión es un llamado crítico al colectivo religioso, para que hagamos la diferencia. El no saber cómo hacer una cosa, no significa que no exista un método para hacerlo bien y cada vez mejor. Para cualquier duda están los mayores, Awoses y Olorishas con años de experiencias; consulte, indague y no tropiece con los mismos errores “porque todo el mundo lo hace”, siga insistiendo hasta conseguir conocimiento.

 

Ashé to iban eshu

 

Centauro Saher / Awó ni Orunmila Iworí Ogundá

 

@asheifaoro @puebloyoruba    

 

 

Para conocer la procedencia del sacrificio animal consultar los Odù Ifá:

 

Irete meyi / Irete kutan/ ogbe ate / ogbe fun

 

Para conocer del sacrificio en la biblia:

 

Lucas: 2: 22-24 / Levítico 1:5 / Números: 7:11-17 / Levítico 12       

Madres del mundo

    




Si las mujeres bajaran los brazos, el cielo se caería.

Proverbio africano


Este artículo está dedicado plenamente a la mujer y su posición innegable en el mundo; más allá de un hecho coyuntural conmemorativo, su presencia inconmensurable e imprescindible es el bastimento de las simientes de la humanidad. Particularmente en este texto, hago un aparte y profundo énfasis al ineludible lugar que ocupa la mujer en la religión Yorùbá, base fundamental de nuestra cosmovisión y referente pleno e inmediato de vida.

El legado religioso de nuestras mayores, así como su poderosa fe, forman parte de la herencia que ha trascendido toda dificultad, dando cuenta de un profundo sentido de sacrificio otorgado por la gallardía femenina para que llegara hasta nosotros la sabiduría ancestral que atesora el áfrica, madre de la humanidad. Este aluvión de conocimiento encontró en la mujer indígena americana la misma esencia de ser portadoras del saber antiguo de la naturaleza, para resguardar el equilibrio natural de nuestro mundo con el universo, enseñándonos desde el vientre el amor que nos hiciera uno con la tierra. 

Prominentes mujeres escribieron su nombre en la historia de la diáspora Yorùbá que fundó la regla de Osha e Ifá en Cuba, y luego en Latino América. Un ahijado, una casa, un pueblo y la energía de orisha empezó a florecer en estas tierras, en la vida de hombres y mujeres que encontraron en Orisha la esperanza de una vida larga y apacible, al servicio de nuestras deidades y la humanidad. Debemos profundo agradecimiento, respeto y reconocimiento a las mujeres que en medio de la adversidad y la doble explotación -por mujer y esclava- fundaron ramas para unificar familias, costumbres, tradiciones de origen común y establecer lineamientos consolidados en los rituales de adoración y veneración de Orisha. Muchos nombres engrosan la larga lista, como también muchas gigantes anónimas sumaron su aporte a nuestro acervo cultural y de conocimiento, siendo algunas de ellas: Rosalía Gramosa Efunshe, Ma´  Monserrate González Obatero, Timotea Albear Latuan, Fermina Gómez Osha Bi, Aurora Lamar Obatolá, Susana Cantero Omi Toké. Muchos nombres que son nuestro linaje religioso, nuestra raíz fundacional, y en el caso especial de Venezuela tenemos a Juana María “La Niña” Montes de Oca Osha Inle a quien debemos agradecimiento pleno.

Y es que la presencia de la mujer y lo femenino en nuestra cosmovisión y fe es prominente, indiscutible e insustituible; lamentablemente ha existido a lo largo del tiempo una suerte de empeño en cercenar la verdadera relevancia de la mujer y lo femenino en nuestra practica de Osha/Ifá afrocubana, donde individualidades -desde alguna jerarquía- han ido restando a la historia de nuestra diáspora el legado prominente de la mujer en la fundación de la regla y la proliferación de la adoración de Orisha en este continente, reduciendo a la mujer al trabajo doméstico y de servicio a los hombres de la religión. 

Es así como en la actualidad podemos toparnos con comentarios peligrosamente misóginos y machistas que no solo develan la pobreza en conocimiento y espíritu del hombre religioso que las emite, sino que además, estas tienen eco en grupos sociales que emiten críticas perniciosas hacia nuestra religión, como también desde otras corrientes de la fe Yorùbá, donde se nos acusa de subordinar a la mujer a los preceptos y designios establecidos por desvíos interpretativos de Odù. Es una necesidad de justicia con la historia sostener ese debate, y que se recupere no de hechos, sino en derechos, la figura de la mujer en nuestra regla.

Para recrear un poco lo que digo, y para establecer un punto de reflexión, evoco para este texto el Odú Ika She o Ika Fa, dónde nació la sagrada palabra de Orumila, a través de Ela, hijo primogénito de Olofin y Aiye, de quién descendieron ocho hijas nombradas por Ela como: Oyekun, Odi, Ojuani, Okana, Osa, Otrupon, Irete y Oragun.   También nombró ocho hijos como: Ejiogbe, Iwori, Iroso, Obara, Ogunda, Ika, Otura y Oshe. Estos hijos e hijas espirituales de Ela quedaron como herencia a su padre Olofin, luego de que Ela se transfigurara en la Palma Sagrada de donde nacen los ikines que revelas los secretos del padre creador Oloddumare a través de Ifá.     

Según este pataki del Odú Ika Fa, replicado exactamente en muchos tratados, nos revela que los meyis no son masculinos en su totalidad, que hay un equilibrio equitativo de ocho masculinos y ocho femeninos entre ellos, es decir, que no estableció un número mayoritario  entre masculinos y menor entre femeninos, donde se podría explicar, que estos se replicaran entre sus hijos los omoluos por la gracia del desequilibrio; todo lo contrario, tomando como referente fehaciente este pataki, el equilibrio entre lo femenino y lo masculino ante Oloddumare y para Ifá es equitativo.   

Es posible entonces preguntarnos ¿En qué momento los tratados empezaron a llamar Babá a todos los meyis, que en todas sus historias son nombrados masculinos, tanto en sus obras en el cielo como en la tierra? ¿Dónde quedó la dualidad que conforma a los meyis en femenino y masculino? Así como ¿En qué momento todo lo relevante y preponderante de nuestra regla se hizo exclusivamente masculino? ¿En qué momento las mujeres dejaron de hacer y de ser la historia como las mayores mencionadas en párrafos anteriores? 

Es necesaria la reflexión colectiva en torno a estás y muchas otras interrogantes para seguir creciendo y poder avanzar cada vez mejor y con transparencia en nuestra fe.

Para finalizar este texto dedicado a las madres de nuestra religión, les comparto un pataki del Odù Oshe Sa para dejar a la reflexión del lector la capacidad de sacrificio de la mujer en nuestra cosmovisión; para todas las madres del mundo, un profundo agradecimiento. 


- ¿Onishé Orisha? 

- Onishé Addimú…

Es el modo común de saber consultar a los oráculos de adivinación de Osha e Ifá, que un orisha regente o manifiesto en la consulta nos hace saber si requiere de algún sacrificio de nuestra parte para alcanzar el iré, el buen augurio y la tranquilidad espiritual que siempre solicitamos de manos de orisha. Esta, es una sus explicaciones…


Addi e Imu, los hijos de Yemayá  


En este camino Olofin estaba muy bravo por las cosas que sucedían en la tierra y les retiro su amparo y protección a los seres humanos.  

Las cosas empezaron a marchar mal en la tierra y todos los santos trataron de lograr la benevolencia de Olofin para con los hombres, pero todos los sacrificios y ofrendas que le hacían, ninguno tenía la virtud de conmover a Olofin.  

Yemayá tenía dos hijos: Addi e Imu -los senos de Yemayá- que eran muy queridos por ella y representaban toda su realización en la vida, pero preocupada por el destino de la humanidad, por su sentimiento e instinto natural de madre del mundo, ofreció a Olofin la cabeza de sus hijos a cambio de que él otorgara el indulto a los hombres de la tierra.  

Así Yemayá, ofrendó a sus hijos Addi e Imu, para salvar a la humanidad y que volviera a tener la benevolencia y bendición de Olofin.  

Olofin conmovido por tan hondo gesto maternal, perdonó a los hombres de la tierra y dijo: Addi e Imu, es la más grande ofrenda, la más bella, la más desinteresada que he recibido, Addimu será entonces lo más grande que se pueda ofrendar a mí y a los demás Orishas.  

Es por eso que Yemayá es la reina del mundo y diosa de la humanidad universal.  

Addimu: es tan amplio que todo sacrificio u ofrenda puede considerarse como tal, recibir un osha, dar un tambor, un animal, etc.  

Ashé to iban eshu.

¡Modupé Iya!  Apetevi Iború, Apetebi Iboyá, Apetebi Iboshshé. 

Centauro Saher Awó ni Orumila Iwori Ogunda

@asheifaoro / @puebloyoruba




sábado, 6 de febrero de 2021

La trampa del ego, y otras publicidades negativas

 


 

Aquí no es bueno el que ayuda, 

sino el que no jode.

Adagio popular.

 

 

La vida “moderna” ha traído un avasallante torrente de innovaciones, facilidades y mejoras para las sociedades humanas que se encuentran en permanente evolución. Son innegables los avances que ha alcanzado la humanidad en los últimos dos siglos, dando un salto cuantitativo y cualitativo del indetenible reinado del ser humano sobre el planeta y toda la vida que lo habita.

 Para bien o para mal, hemos construido y alcanzado lo que antes era el crédito de ser solo una idea del imaginario de Leonardo Da Vinci o Julio Verne; hemos trascendido las fronteras de las dificultades en la búsqueda permanente de respuestas, y en éstas, mantener nuestra existencia de la mejor manera posible. Por supuesto, también debemos encarar el lado oscuro de esa maravilla que ha sido el “saber” en el ser humano, sus desvíos o extravíos, y de cómo envilecimos las más loables creaciones para ir en detrimento de la vida: cuanto más avanza en conocimiento la humanidad, más desprecio siente por la sabiduría.

 El pensamiento retrógrado de la mezquindad y la vorágine consumista nos ha hecho llevar al planeta -con todos dentro- al filo del precipicio y podemos decir a esta altura, que quien inventó la flecha quedaría pasmado de saber todo lo que ha hecho la invención de la bala. Este declive ya era vaticinado por los grupos sociales tribales: los menos “desarrollados” según la lógica del mundo expansivo del hombre moderno. Desde que existen las invasiones imperialistas en el mundo, y su atropellada necesidad de crecimiento y supervivencia, los sabios originarios, la ciencia que cultivaron y el respeto por el planeta fueron desplazados a minorías o fueron casi extintos. La humanidad corrió el riesgo de perder gran parte de esa sabiduría de vida en armonía con el planeta y el universo, basada en el agradecimiento de vivir con la misma gracia que el resto de las criaturas. El mayor secreto que tuvieron, y tienen, los pocos sabios que superviven, es el amor y el celoso respeto por el mundo que los rodea.

 

¿A dónde voy con todo esto?

 En la era de las redes sociales el ego es seducido como nunca antes lo había visto la historia humana, azuzado con un exacerbado culto a la vanidad en el mundo virtual que nos acorrala. El producto de esta combinación son seres humanos superfluos y arrogantes, que tienen en la súper autopista de la información (¿?) la tribuna propicia para ver y dejarse ver hasta lo indecible. Hoy en día es un requisito indispensable para encajar “socialmente” el tener un teléfono inteligente y diversas cuentas en aplicaciones que, como en vitrinas, se expone hasta el más mínimo detalle de la vida personal que hasta ayer se preciaban de orden  personal y privado.

 La vida religiosa no escapa de este fenómeno, y un sin fin de practicantes y simpatizantes de muchas religiones del mundo usan estos medios para dar a conocer su adhesión religiosa. Los sacerdotes y sacerdotisas, iniciados y afiliados fraternos de la religión Yòrubá no nos distanciamos de este hecho, aún y cuando contamos con un conjunto de preceptos y dogmas que establecen tabúes sobre la divulgación de los atributos, liturgia y atenciones a Orisha.

 No habiendo nada que ocultar, pero existiendo un profundo respeto que guardar por la energía y la espiritualidad Orisha  y la herencia cultural y espiritual que ha transcendido de la mano de nuestros ancestros, sospecho que toda esta exposición de obras, fundamentos y acciones propias de la liturgia de Osha – Ifá no hace más que entorpecer la comprensión de esta religión que tiene un génesis tribal e indigenista, muy lejos de la vanidad del hombre moderno y el entramado desarrollista de la vida urbana.

 Vemos como se hacen públicas grotescas fotos posteriores a inmolaciones, videos donde se efectúan obras o donde supuestos sacerdotes hacen adivinación mientras guiñen un ojo a la cámara. Muchos desde la ingenuidad creen que esa muestra pública les permitirá ganar adeptos, y que incrementando su popularidad como sacerdote o sacerdotisa desde Instagram o Facebook tendrán fama y prestigio y por ello, se harán de un gran pueblo. Otros, un poco más deplorables, creen que vendiéndose como brujos auténticos en todo espacio, lograrán ganar el temor de la gente, para así evitar ser objeto de ataques enemigos, malas energías o influencias negativas.

 ¿Dónde queda lo sagrado del acto personal de relación con Orisha?

 ¿Dónde queda el respeto por los fundamentos, atributos y receptáculos de nuestras deidades?

 Son preguntas dirigidas al colectivo religioso, donde cada cual en privado dará la respuesta que le permita su corazón.

 Al permitir esta sobre exposición de los fundamentos religiosos, damos pié al uso indebido y malintencionado de los símbolos de Orisha por perpetradores de estafas y falsificadores de nuestros atributos. Cualquiera puede posar en una foto con un Eshu, pero no cualquiera entiende el apostolado que significa estar consagrado para pactar y convivir con esta poderosa deidad.

 Esta reflexión no pretende coartar el derecho de hacer a ninguna persona; mucho menos postular la creación de una policía religiosa que persiga y denuncie infractores. Estas cuartillas solo son una invitación a pensar por un momento que no seremos menos o más religiosos si dejamos de postear en las redes sociales y medios de exposición masiva los fundamentos y receptáculos que consideramos nuestro sustento espiritual. Mostremos al mundo ciego la filosofía de Orisha, el saber que encierra nuestro credo expresado en Odú, cantos, bailes, y la alegría del colorido y luminoso mundo que Oloddumadre dispone para sus hijas e hijos.

 

Centauro Saher / Awó Ni Orumila Iwori Ogundá 

viernes, 20 de enero de 2017

La verdadera Letra del año Venezuela 2017



 

















El “Oddun Bawá” o la “Letra del Año” es la primera ceremonia realizada por los religiosos yorubas para conocer de mano de los oráculos adivinatorios de Osha / Ifa los designios de los Orishas que regirán nuestro astral personal, social y del entorno natural durante 365 días que contiene un año. Aunque nos regimos en la actualidad y en occidente por el calendario gregoriano, sabemos que representa propiamente un proceso de cierre y apertura de ciclos espirituales y sociales; para los yorubas nigerianos esta ceremonia representa otros ciclos y procesos distintos a los nuestros en occidente habitando ciudades desarrolladas. 

En cuba, existe una antigua estructura denominada: cabildos, que representó para la época de la esclavitud la forma de organización social de interacción para los negros libertos y fugados del mando de sus esclavistas. Estos cabildos vinieron a suplir las formas de relación social que en la África materna sucedían, por tanto, la jerarquía social y política de estos cabildos era regida de igual modo por los sabios, sacerdotes y líderes espirituales. Mientras tanto, transcurría en los yorubas del nuevo continente un sincretismo, la  construcción de la Regla de Osha y la adaptación de Ifa en una nueva tierra, diversa, y naturalmente distinta al continente africano.   

Estos cabildos trascendieron en el tiempo y se han mantenido en la cuba actual como una artera estructura religiosa reconocida por los practicantes yorubas, por lo qué la unificación de criterios para determinar La Letra del año o el Oddun Bawá se hace factible y fortalece la unidad dentro de la diversidad que conforma la “Santería Cubana”.

Ahora bien, en Venezuela -a pesar de los cumbes cimarrones y herencia afro en nuestra historia- no contamos con un antiguo linaje respecto a la religión yoruba, por tanto, podemos decir que la práctica yoruba en nuestro país es joven y temerosa de ejercer una identidad propia que nos haga valer en la sociedad sin el estigma de: brujos mata animales.

Pese a los múltiples intentos de unificación de casas religiosas, no existe en Venezuela una estructura nacional, orgánica ni organizada, que permita a los mayores  de las casas realizar una amplia convocatoria para determinar la letra del año, sin que esto signifique la subordinación de una casa ante otra, o mermar el prestigio de un sacerdote ante otro. 

La Letra del Año en el mes de enero colma la atención de propios y extraños a la religión yoruba en Venezuela, no por conocer los designios de los Orishas para las casas religiosas o el país, sino que, tiene lugar el revanchismo y la egolatría, donde se opina premeditadamente para negar la veracidad o probidad de quienes osan compartir sus profecías con el colectivo, evidenciando la mocedad de los yorubas en Venezuela y escaza visión unitaria que se posee, lejos de la unidad remamos hacia un sálvese quien pueda mezquino y vanidoso. 

Para finalizar el presente artículo, dejo a la reflexión lo sucedido este año, donde nuevamente se dieron a conocer las diversas letras del año para Venezuela, habiendo una que poderosamente llamó la atención a más de un despistado, y es que, un periódico de tiraje nacional hizo un particular énfasis en divulgar la letra del año de una casa religiosa que destinaba profundas calamidades al país, al parecer más con una vehemencia político - partidista que religiosa, siendo que, estás profecías divulgaban causalmente lo que ciertos líderes políticos de una tendencia en el país ya vaticinaban desde sus palestras.

Cabe destacar que este mismo periódico en años anteriores, utilizó el nombre y la fe religiosa de los yoruba como herramienta para la injuria, la calumnia y la descalificación de quienes hoy gobiernan en el país, estigmatizando la “Santería” como la herramienta del partido de gobierno para mantenerse en el poder, calificando a los practicantes de la fe de ignorantes, lumpen y brujos estafadores, metidos todos en un mismos saco sin distinción ni respeto alguno. Entonces, me parece sospechosa tanta diligencia por parte de este periódico para difundir una Letra del Año en Venezuela. ¿No será pa jodernos?     

¡Eshu es aseidad! Ashé to iban Eshu

Centauro Saher, Awó ni Orumila Iwori Ogundá.

P.D.: La realización de esta vital ceremonia nace en el oddun Ogbe Tua

jueves, 5 de enero de 2017

Entre Angeles y Demonios me quedo con Orí


 
















La etimología de la palabra demonio proviene del griego daimon. Daimon significa sabio. A su vez Lucifer viene del latín y significa el portador de luz. Diablo proviene del griego diabolo que significa calumniador, el que provoca pelea, discordia y/o división. Más aún tenemos a Satanás que proviene del hebreo Shaitán cuyo significado es el obstáculo, el que obstruye, el que se opone. También para los Yorubas existe una deidad conocida como Elenini. 

La misma, se asocia con el obstáculo y el infortunio. Interesantemente, Elenini, a pesar de cobrar materialidades reales, dependen de los miedos, temores, dudas, rabia, tristeza y soberbia del ser humano para poder manifestarse. En este sentido el verdadero enemigo reside adentro, no es externo. Quién único puede derrotar a uno es uno mismo.

Mediante Ifa los seres humanos tienen la habilidad de hacer una especie de radiografía existencial donde sale a relucir lo que reside en los abismos recónditos del inconciente. Mejor conocido entre los Yoruba como Orí-Inú: el ser dentro del ser, una de las manifestaciones primordiales de Orí. El concepto de Orí es medular dentro de la cosmovisión Yoruba. En ello, se concentra todo un cuerpo de filosofía y entendimiento de la realidad extremadamente rico y profundo en sabiduría cuyo entendimiento ayuda al ser humano vivir una vida plena y autorealizada. 

Orí se asocia con el concepto del destino. Hay un refrán Yoruba que dice “El destino es buen carácter, el buen carácter es el destino”. Por tanto, dentro de la concepción del destino Yoruba, existe un potencial de vivencias que dependiendo de nuestras desciciones, acciones y buen carácter nos llevarán por el camino de una vida próspera y larga. Esto no significa una vida sin adversidad, tristeza ni sufrimiento. Más bien acentúa la importancia de prevalecer con buen carácter frente la adversidad, la tristeza y el sufrimiento. En su eventual resolución se desata nuestro potencial humano en su máxima expresión productiva.

Resulta importante compartir el siguiente refrán Yoruba “si solo comemos alimentos dulces y evitamos el amargo de la nuez de Kola, toda la comida perdería su sabor”. La vida seguirá siempre siendo la vida, con sus altos y bajos, alegrías y tristezas. No obstante, lo que garantiza que nuestras vidas cumplan un propósito de sentirnos autorealizados depende, en gran medida, de vivir en armonía con nuestro Orí. Orí juega un papel fundamental en nuestro desarrollo como ser humano. De nuestro Orí depende si tenemos las cualidades desarrolladas para poder vivir con un buen carácter. Por ejemplo, el espíritu no puede entregar lo que la cabeza no acepta. Las bendiciones que puedan existir en nuestros caminos pueden ser obviadas facilmente si no vivimos en un estado de conciencia centrado en el ahora, en el presente. Si se vive en el pasado, no estas en el presente y por lo tanto no puedes visualizar el futuro. Se ha perdido la capacidad transformar nuestra realidad del presente.

Orí es un concepto sencillo con muchísima profundidad. Constantemente Orí está en transformación, tanto positiva como negativa. Ifa nos enseña a como armonizar y balancear otras dimensiones inherentes de Orí como lo son la mente lógica, el corazón/emociones constanemente contrapuntiando con lo que se puede llamar alma/espíritu y nuestro propósito en la vida. El balance de estos elementos es lo que muchas tradiciones se refieren a la sincronización de cuerpo, alma y mente. Dicha sincronización, y el estado de conciencia que de ella emana, nos transforma como seres humanos listos para encarnar las experiencias de vida que el destino depara para nosotros. Hasta una próxima, Paz y Ashé…

Awo Ni Orunmila Oyekunbikalomi

Artículo tomado del portal TemploYorubaPR (Templo Yoruba Puerto Rico)





martes, 3 de enero de 2017

Ser Yoruba



 















Pertinente Introducción

El ser humano, a lo largo de su historia como ser social, ha preservado para la posteridad los más loables valores y preceptos de vida, que -transferidos a las generaciones futuras- pretenden pautar en éstas las mejores recomendaciones en torno a una vida satisfactoria en todos los ámbitos de su desarrollo individual y colectivo.


Esa información de antigua data es el ADN cultural y espiritual en la conformación de la sociedad humana; esta carga valorativa reside ineludiblemente en un transmisor primario llamado ancestro, quien encarna la mayor experiencia en diversas materias de la convivencia, el estudio y el conocimiento, cuyo papel es la preservación del acervo cognitivo de la sociedad a la que pertenece. Por tal motivo, todas las sociedades en la actualidad convergen en el concepto universal que otorga el reconocimiento colectivo hacia este mayor poseedor de información, llamándolo: Sabio, y a la información que posee: Sabiduría. 

Partiendo de este hecho concreto, podemos decir entonces que los sabios son hombres y mujeres con un cúmulo de información constatada luego de transcurrido el ensayo y error pertinente para que se produzca el aprendizaje con una experiencia recabada en el estudio de un hecho, fenómeno particular o simple experiencia de vida.

A lo que vamos

La conjura necesaria para dar paso al latinoamericano fue la mezcla de todas las pieles, culturas y creencias, y así nos hicimos de un continente de acervo mestizo, híbrido y mixto, del cual se hizo posible lo que hoy día somos como Sociedades Americanas.

Por ello, el ser Yoruba en este continente tiene más asidero en la Regla de Osha – Ifá establecida por nuestros mayores afrocubanos que en la lejana tradición nigeriana, pues por razones propias de la distancia, los primeros que llegaron con la colorida gama de fe africana tuvieron que unirse y resolver con lo que tenían a mano ante las condiciones adversas impuestas por su opresor, forjando una nueva práctica religiosa dónde: se hacen misas católicas a los muertos, se inicia en Mayombe, se usa el estado de trance en misas espiritistas, al mismo tiempo que se consagra en kariosha y se lleva a los Iyawoses a tocar la puerta del templo de un dios distinto y distante al Panteón Yoruba.

De ahí que Olúo Popó sea menos popular que San Lázaro, que Santa Bárbara supere en seguidores a Shangó el Alafin de Oyó. Sin llegar a conclusiones prematuras, podemos asentir que con el llamado sincretismo se vale todo y todo cabe, siendo cada vez más lejana la preocupación de los religiosos por el estudio serio del ser Yoruba que se forjó en Cuba, simplificando a juicio y gusto particular del practicante la liturgia y lo que considere conocimiento, incurriendo en muchos casos en el desestimo del dogma, del corpus ético y litúrgico, que existe pero no se estudia o se desconoce, por lo que se reproduce información dispersa como calco y copia de lo que otro repite sin reflexión alguna de su procedencia o que cónclave de mayores son su fuente.

Paréntesis

La mayoría de los sacerdotes, sacerdotisas e iniciados en la fe yoruba en occidente, en específico Latino América, somos producto de la diáspora africana que llegó a este continente luego de la trata esclavista europea, por ende, mucho de lo que tenemos como acervo religioso y cultural tiene en sí elementos originarios de la áfrica materna y mucho de lo propio de esta región, haciendo de nuestra práctica religiosa una forma mestiza de ser Yorubas.

Cuba fue el punto de partida en América que dio paso a la expansión de Ifá / Osha y debe entenderse con esto, que también se transfirió al resto del continente mediante la religión la cubanidad, es decir, la cultura y modos del ser religioso en cuba. Ejemplo de ello tenemos que muchas palabras provenientes de los modismos cubanos se usan en Colombia o Ecuador o Venezuela en medio del uso litúrgico del lucumí yoruba, así como también, observamos en algunos religiosos no cubanos la hilarante actitud de cambiar sus acentos naturales al modo cubano al hablar de Osha o Ifá, cometiendo el desatino de creer que la trasferencia de información religiosa  estrechamente ligada a cuba cobra autenticidad en el uso del acento del pueblo antillano.

Soy yoruba

Nuestros mayores religiosos -bajo la guía de sus antecesores en dicho rol- han tenido que transitar el escabroso camino del ensayo y error para ir descubriendo la eficacia de los métodos adaptados a este continente, y pulsar por una inevitable evolución religiosa luego de que la fe Yoruba trascendiera la frontera del continente africano. Por el cual, este hecho naturalmente humano lleva consigo qué la practica en si misma tenga de cada uno de nosotros un enfoque particular que es parte de toda la suma de formas para ejercer el fondo, más claro aún, cada uno de nosotros suma a la práctica y a la conformación de los métodos de práctica de la liturgia religiosa, sin que esto derogue o eche al olvido la base constitutiva del conocimiento, y la experiencia ya sistematizada de nuestros mayores.  

Sin embargo, cada vez hay menos reflexión individual y colectiva en la actualidad respecto al ser Yoruba en este continente, con una raíz africana que no se moderniza o se resume o corrompe por razones de practicidad al servicio del desconocimiento, que genera un aluvión de interrogantes a quienes desean saber nuestra idiosincrasia, da motivos a quienes nos atacan e infunde desconfianza en quienes quisieran sumarse a la vida religiosa. Y el problema no es otro más que el no tener claro el camino de lo que se es, y es más fácil asumirse en el moquete de santeros impuesto por el opresor, y practicar a la deriva una mutación de algo que parece yoruba. Dicho esto, debemos afrontar sin ánimo de encarnar algún prejuicio, que también como hecho humano lo negativo viene impreso en el hecho religioso y decanta ineludiblemente en el decir: si mal lo aprendiste mal lo enseñarás. 

Hay que asumir que somos yorubas, producto de una diáspora acantonada en cuba y mestizos como todo este continente, que tenemos una corriente histórica y cultural que nos define y reside en nuestros mayores y en la cadena jerárquica que tenemos en cada casa pues todos devenimos de un linaje, acudamos al estudio, a la preocupación del: cómo se hace, por qué se hace, dónde nace, cómo se dice y qué significa, sin que haya más limitaciones que las de interés propio del ser religioso y lo que podamos encontrar en esa búsqueda de conocimiento.  



¡Eshu es aseidad! Ashé to iban Eshu

Centauro Saher / Awó ni Orumila Iwori Ogundá