martes, 30 de marzo de 2021
Del sacrificio necesario a las malas costumbres
Madres del mundo
Proverbio africano
Este artículo está dedicado plenamente a la mujer y su posición innegable en el mundo; más allá de un hecho coyuntural conmemorativo, su presencia inconmensurable e imprescindible es el bastimento de las simientes de la humanidad. Particularmente en este texto, hago un aparte y profundo énfasis al ineludible lugar que ocupa la mujer en la religión Yorùbá, base fundamental de nuestra cosmovisión y referente pleno e inmediato de vida.
El legado religioso de nuestras mayores, así como su poderosa fe, forman parte de la herencia que ha trascendido toda dificultad, dando cuenta de un profundo sentido de sacrificio otorgado por la gallardía femenina para que llegara hasta nosotros la sabiduría ancestral que atesora el áfrica, madre de la humanidad. Este aluvión de conocimiento encontró en la mujer indígena americana la misma esencia de ser portadoras del saber antiguo de la naturaleza, para resguardar el equilibrio natural de nuestro mundo con el universo, enseñándonos desde el vientre el amor que nos hiciera uno con la tierra.
Prominentes mujeres escribieron su nombre en la historia de la diáspora Yorùbá que fundó la regla de Osha e Ifá en Cuba, y luego en Latino América. Un ahijado, una casa, un pueblo y la energía de orisha empezó a florecer en estas tierras, en la vida de hombres y mujeres que encontraron en Orisha la esperanza de una vida larga y apacible, al servicio de nuestras deidades y la humanidad. Debemos profundo agradecimiento, respeto y reconocimiento a las mujeres que en medio de la adversidad y la doble explotación -por mujer y esclava- fundaron ramas para unificar familias, costumbres, tradiciones de origen común y establecer lineamientos consolidados en los rituales de adoración y veneración de Orisha. Muchos nombres engrosan la larga lista, como también muchas gigantes anónimas sumaron su aporte a nuestro acervo cultural y de conocimiento, siendo algunas de ellas: Rosalía Gramosa Efunshe, Ma´ Monserrate González Obatero, Timotea Albear Latuan, Fermina Gómez Osha Bi, Aurora Lamar Obatolá, Susana Cantero Omi Toké. Muchos nombres que son nuestro linaje religioso, nuestra raíz fundacional, y en el caso especial de Venezuela tenemos a Juana María “La Niña” Montes de Oca Osha Inle a quien debemos agradecimiento pleno.
Y es que la presencia de la mujer y lo femenino en nuestra cosmovisión y fe es prominente, indiscutible e insustituible; lamentablemente ha existido a lo largo del tiempo una suerte de empeño en cercenar la verdadera relevancia de la mujer y lo femenino en nuestra practica de Osha/Ifá afrocubana, donde individualidades -desde alguna jerarquía- han ido restando a la historia de nuestra diáspora el legado prominente de la mujer en la fundación de la regla y la proliferación de la adoración de Orisha en este continente, reduciendo a la mujer al trabajo doméstico y de servicio a los hombres de la religión.
Es así como en la actualidad podemos toparnos con comentarios peligrosamente misóginos y machistas que no solo develan la pobreza en conocimiento y espíritu del hombre religioso que las emite, sino que además, estas tienen eco en grupos sociales que emiten críticas perniciosas hacia nuestra religión, como también desde otras corrientes de la fe Yorùbá, donde se nos acusa de subordinar a la mujer a los preceptos y designios establecidos por desvíos interpretativos de Odù. Es una necesidad de justicia con la historia sostener ese debate, y que se recupere no de hechos, sino en derechos, la figura de la mujer en nuestra regla.
Para recrear un poco lo que digo, y para establecer un punto de reflexión, evoco para este texto el Odú Ika She o Ika Fa, dónde nació la sagrada palabra de Orumila, a través de Ela, hijo primogénito de Olofin y Aiye, de quién descendieron ocho hijas nombradas por Ela como: Oyekun, Odi, Ojuani, Okana, Osa, Otrupon, Irete y Oragun. También nombró ocho hijos como: Ejiogbe, Iwori, Iroso, Obara, Ogunda, Ika, Otura y Oshe. Estos hijos e hijas espirituales de Ela quedaron como herencia a su padre Olofin, luego de que Ela se transfigurara en la Palma Sagrada de donde nacen los ikines que revelas los secretos del padre creador Oloddumare a través de Ifá.
Según este pataki del Odú Ika Fa, replicado exactamente en muchos tratados, nos revela que los meyis no son masculinos en su totalidad, que hay un equilibrio equitativo de ocho masculinos y ocho femeninos entre ellos, es decir, que no estableció un número mayoritario entre masculinos y menor entre femeninos, donde se podría explicar, que estos se replicaran entre sus hijos los omoluos por la gracia del desequilibrio; todo lo contrario, tomando como referente fehaciente este pataki, el equilibrio entre lo femenino y lo masculino ante Oloddumare y para Ifá es equitativo.
Es posible entonces preguntarnos ¿En qué momento los tratados empezaron a llamar Babá a todos los meyis, que en todas sus historias son nombrados masculinos, tanto en sus obras en el cielo como en la tierra? ¿Dónde quedó la dualidad que conforma a los meyis en femenino y masculino? Así como ¿En qué momento todo lo relevante y preponderante de nuestra regla se hizo exclusivamente masculino? ¿En qué momento las mujeres dejaron de hacer y de ser la historia como las mayores mencionadas en párrafos anteriores?
Es necesaria la reflexión colectiva en torno a estás y muchas otras interrogantes para seguir creciendo y poder avanzar cada vez mejor y con transparencia en nuestra fe.
Para finalizar este texto dedicado a las madres de nuestra religión, les comparto un pataki del Odù Oshe Sa para dejar a la reflexión del lector la capacidad de sacrificio de la mujer en nuestra cosmovisión; para todas las madres del mundo, un profundo agradecimiento.
- ¿Onishé Orisha?
- Onishé Addimú…
Es el modo común de saber consultar a los oráculos de adivinación de Osha e Ifá, que un orisha regente o manifiesto en la consulta nos hace saber si requiere de algún sacrificio de nuestra parte para alcanzar el iré, el buen augurio y la tranquilidad espiritual que siempre solicitamos de manos de orisha. Esta, es una sus explicaciones…
Addi e Imu, los hijos de Yemayá
En este camino Olofin estaba muy bravo por las cosas que sucedían en la tierra y les retiro su amparo y protección a los seres humanos.
Las cosas empezaron a marchar mal en la tierra y todos los santos trataron de lograr la benevolencia de Olofin para con los hombres, pero todos los sacrificios y ofrendas que le hacían, ninguno tenía la virtud de conmover a Olofin.
Yemayá tenía dos hijos: Addi e Imu -los senos de Yemayá- que eran muy queridos por ella y representaban toda su realización en la vida, pero preocupada por el destino de la humanidad, por su sentimiento e instinto natural de madre del mundo, ofreció a Olofin la cabeza de sus hijos a cambio de que él otorgara el indulto a los hombres de la tierra.
Así Yemayá, ofrendó a sus hijos Addi e Imu, para salvar a la humanidad y que volviera a tener la benevolencia y bendición de Olofin.
Olofin conmovido por tan hondo gesto maternal, perdonó a los hombres de la tierra y dijo: Addi e Imu, es la más grande ofrenda, la más bella, la más desinteresada que he recibido, Addimu será entonces lo más grande que se pueda ofrendar a mí y a los demás Orishas.
Es por eso que Yemayá es la reina del mundo y diosa de la humanidad universal.
Addimu: es tan amplio que todo sacrificio u ofrenda puede considerarse como tal, recibir un osha, dar un tambor, un animal, etc.
Ashé to iban eshu.
¡Modupé Iya! Apetevi Iború, Apetebi Iboyá, Apetebi Iboshshé.
Centauro Saher Awó ni Orumila Iwori Ogunda
@asheifaoro / @puebloyoruba
sábado, 6 de febrero de 2021
La trampa del ego, y otras publicidades negativas
Aquí no es bueno el que ayuda,
sino el que no jode.
Adagio popular.
La vida “moderna” ha traído un avasallante torrente de innovaciones, facilidades y mejoras para las sociedades humanas que se encuentran en permanente evolución. Son innegables los avances que ha alcanzado la humanidad en los últimos dos siglos, dando un salto cuantitativo y cualitativo del indetenible reinado del ser humano sobre el planeta y toda la vida que lo habita.
Para bien o para mal, hemos construido y alcanzado lo que antes era el crédito de ser solo una idea del imaginario de Leonardo Da Vinci o Julio Verne; hemos trascendido las fronteras de las dificultades en la búsqueda permanente de respuestas, y en éstas, mantener nuestra existencia de la mejor manera posible. Por supuesto, también debemos encarar el lado oscuro de esa maravilla que ha sido el “saber” en el ser humano, sus desvíos o extravíos, y de cómo envilecimos las más loables creaciones para ir en detrimento de la vida: cuanto más avanza en conocimiento la humanidad, más desprecio siente por la sabiduría.
El pensamiento retrógrado de la mezquindad y la vorágine consumista nos ha hecho llevar al planeta -con todos dentro- al filo del precipicio y podemos decir a esta altura, que quien inventó la flecha quedaría pasmado de saber todo lo que ha hecho la invención de la bala. Este declive ya era vaticinado por los grupos sociales tribales: los menos “desarrollados” según la lógica del mundo expansivo del hombre moderno. Desde que existen las invasiones imperialistas en el mundo, y su atropellada necesidad de crecimiento y supervivencia, los sabios originarios, la ciencia que cultivaron y el respeto por el planeta fueron desplazados a minorías o fueron casi extintos. La humanidad corrió el riesgo de perder gran parte de esa sabiduría de vida en armonía con el planeta y el universo, basada en el agradecimiento de vivir con la misma gracia que el resto de las criaturas. El mayor secreto que tuvieron, y tienen, los pocos sabios que superviven, es el amor y el celoso respeto por el mundo que los rodea.
¿A dónde voy con todo esto?
En la era de las redes sociales el ego es seducido como nunca antes lo había visto la historia humana, azuzado con un exacerbado culto a la vanidad en el mundo virtual que nos acorrala. El producto de esta combinación son seres humanos superfluos y arrogantes, que tienen en la súper autopista de la información (¿?) la tribuna propicia para ver y dejarse ver hasta lo indecible. Hoy en día es un requisito indispensable para encajar “socialmente” el tener un teléfono inteligente y diversas cuentas en aplicaciones que, como en vitrinas, se expone hasta el más mínimo detalle de la vida personal que hasta ayer se preciaban de orden personal y privado.
La vida religiosa no escapa de este fenómeno, y un sin fin de practicantes y simpatizantes de muchas religiones del mundo usan estos medios para dar a conocer su adhesión religiosa. Los sacerdotes y sacerdotisas, iniciados y afiliados fraternos de la religión Yòrubá no nos distanciamos de este hecho, aún y cuando contamos con un conjunto de preceptos y dogmas que establecen tabúes sobre la divulgación de los atributos, liturgia y atenciones a Orisha.
No habiendo nada que ocultar, pero existiendo un profundo respeto que guardar por la energía y la espiritualidad Orisha y la herencia cultural y espiritual que ha transcendido de la mano de nuestros ancestros, sospecho que toda esta exposición de obras, fundamentos y acciones propias de la liturgia de Osha – Ifá no hace más que entorpecer la comprensión de esta religión que tiene un génesis tribal e indigenista, muy lejos de la vanidad del hombre moderno y el entramado desarrollista de la vida urbana.
Vemos como se hacen públicas grotescas fotos posteriores a inmolaciones, videos donde se efectúan obras o donde supuestos sacerdotes hacen adivinación mientras guiñen un ojo a la cámara. Muchos desde la ingenuidad creen que esa muestra pública les permitirá ganar adeptos, y que incrementando su popularidad como sacerdote o sacerdotisa desde Instagram o Facebook tendrán fama y prestigio y por ello, se harán de un gran pueblo. Otros, un poco más deplorables, creen que vendiéndose como brujos auténticos en todo espacio, lograrán ganar el temor de la gente, para así evitar ser objeto de ataques enemigos, malas energías o influencias negativas.
¿Dónde queda lo sagrado del acto personal de relación con Orisha?
¿Dónde queda el respeto por los fundamentos, atributos y receptáculos de nuestras deidades?
Son preguntas dirigidas al colectivo religioso, donde cada cual en privado dará la respuesta que le permita su corazón.
Al permitir esta sobre exposición de los fundamentos religiosos, damos pié al uso indebido y malintencionado de los símbolos de Orisha por perpetradores de estafas y falsificadores de nuestros atributos. Cualquiera puede posar en una foto con un Eshu, pero no cualquiera entiende el apostolado que significa estar consagrado para pactar y convivir con esta poderosa deidad.
Esta reflexión no pretende coartar el derecho de hacer a ninguna persona; mucho menos postular la creación de una policía religiosa que persiga y denuncie infractores. Estas cuartillas solo son una invitación a pensar por un momento que no seremos menos o más religiosos si dejamos de postear en las redes sociales y medios de exposición masiva los fundamentos y receptáculos que consideramos nuestro sustento espiritual. Mostremos al mundo ciego la filosofía de Orisha, el saber que encierra nuestro credo expresado en Odú, cantos, bailes, y la alegría del colorido y luminoso mundo que Oloddumadre dispone para sus hijas e hijos.
Centauro Saher / Awó Ni Orumila Iwori Ogundá
viernes, 20 de enero de 2017
La verdadera Letra del año Venezuela 2017
jueves, 5 de enero de 2017
Entre Angeles y Demonios me quedo con Orí
Artículo tomado del portal TemploYorubaPR (Templo Yoruba Puerto Rico)
martes, 3 de enero de 2017
Ser Yoruba
Pertinente Introducción




